miércoles, 6 de marzo de 2013

Plátanos y postales


Plátanos y postales
por
 Carlos Gaviño de Franchy



Anónimo. Nº 22. Flor de Platanera
Tarjeta postal. Fototipia, 9 x 14 cm. Ca. 1930
En un artículo publicado en la revista ilustrada de posguerra Mirador de Tenerife se preguntaba, a propósito del origen del cultivo del plátano en nuestro archipiélago, el investigador Buenaventura Bonnet1: Pero ¿de dónde nos vino esa planta que tanto nos ha favorecido? Según los datos que nos ha trasmitido el historiador Marín y Cubas, prosigue Bonnet, este árbol vino de Guinea, siendo llevado a Gran Canaria por el año 1499 o 1500, como consecuencia de una expedición enviada por el Cabildo de aquella isla, acaudillada por el gobernador Juan de Ceverio Muxica, desde donde «trajeron las batatas, raíces de plátanos, ñames y otras semillas…». Afirma Adanson que en estas islas comenzó a llamarse «plántano» y más tarde ese nombre lo hicimos homónimo del famoso plátano del Líbano, excelso árbol cantado por poetas, historiadores y viajeros, con el que nada tiene relación. Mejor sería designarlo con el nombre de «banana» como le dicen los naturales de Guinea y los franceses e ingleses, pero hoy día es muy difícil cambiar esa denominación vulgar y tradicional.

Cita Bonnet a continuación al factor británico Thomas Nichols, quien vio ejemplares de esta planta durante su estancia entre nosotros y los describe de la siguiente manera: Es un árbol que pide las orillas de los ríos, no crece muy grueso, pero es derecho, tiene las hojas gruesas y largas, algunas veces de dos varas y casi media de ancho. No da fruto más de una vez y dado lo cortan, naciendo otro árbol de sus raíces; cada árbol tiene tres o cuatro ramos (piñas) que dan más o menos frutos, treinta o cuarenta y aún más, que se parecen mucho al cohombro. Estando muy maduro, la cáscara se ennegrece; es por demás delicioso al gusto como la más regalada conserva (sirop) que se pueda hacer.

De aquí pasaron a América y a propósito relata el historiador de Indias Fernández de Oviedo: Hay una fruta que acá llaman «plátanos», pero en la verdad no lo son, ni estos son árboles, ni los avía en estas Indias, e fueron traydos a ellas; más quedarse han con este impropio nombre de plátanos… Fue traydo este linage de planta de la isla de Gran Canaria, el año de mill e quinientos y diez y seys, por el reverendo fray Thomas de Sancto Domingo, de la orden de los Predicadores, a esta ciudad de Sancto Domingo; e desde aquí se han extendido en las otras poblaciones desta isla y en todas las otras islas pobladas de christianos, e los han llevado a la Tierra Firme y en cada parte que los han puesto se han dado muy bien. […] Truxéronse los primeros plátanos, segund he dicho, de Gran Canaria; e yo los vi allí en la misma cibdad en el monasterio de Sanct Francisco el año de mil e quinientos e veynte, e assí los hay en las otras islas Fortunadas o de Canaria.


Anónimo [para el Bazar Inglés]. Tenerife. Igueste
Tarjeta postal. Fototipia, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso sin dividir
Habrá que esperar a las postrimerías del siglo diecinueve y, más concretamente, a las primeras décadas de la centuria siguiente, para observar como el cultivo de la platanera se generaliza en las islas que disponían de mayor caudal de agua. La quiebra del mercado internacional de la cochinilla [Coccus cacti], como consecuencia del descubrimiento y comercialización de las anilinas, contribuyó de forma específica a la implantación del monocultivo. Las labores de parasitación de este insecto en los nopales, que había ocupado hasta entonces a buena parte del sector agrícola del archipiélago y producido notables ingresos a sus productores y tratantes, se vieron reducidas de forma tal que apenas se recolectaba grana para satisfacer la corta demanda de la industria cosmética y de colorantes alimentarios. Quizá sirva como anécdota señalar que el conocido aperitivo de la marca Campari, debe su hermoso color rojo a este tinte orgánico producido durante décadas en Canarias.

Refiriéndonos exclusivamente al Valle de La Orotava, que nuestra generación alcanzó a ver tapizado de extensas plantaciones de plátanos, conviene trasladar aquí las lamentaciones de Pablo, personaje central de la novela de Alfonso de Ascanio La Casa de Ardola2, por cuanto añoran un referente paisajístico anterior y ajeno a la estampa que popularizó la imagen de aquel vergel en buena parte del siglo pasado: ¿Pobre Valle de mis recuerdos! Aquellos campos, antes tan policromos y encantadores salpicados de plantas, arbustos y flores, orlados de hierbas y florecillas silvestres, se volvían uniformes, monótonos, artificiales, con un sólo matiz, que era el verde pálido del monocultivo. ¡Era una obsesión!… por todos lados se talaban los árboles, se suprimían o descuidaban los jardines, desaparecían los huertos de hortalizas y los viveros, se quitaban los rincones de recreo y en su lugar se plantaban frutales.
Era una fiebre… una mala fiebre positivista y ácida. Ya no se veían bosquecillos naturales, ni montículos agrestes, ni regatos de agua serpenteando entre piedras y hierbas, ni fuentes naturales, cuyos chorros cristalinos se deslizasen entre matas y flores silvestres… el precioso líquido sólo circulaba por tuberías y acequias cubiertas, para que ni una sola gota se perdiera antes de llegar a su destino. […] El dinero corría y la transformación de gentes, paisajes, usos y hábitos era algo que acaso contentase a algún filósofo enamorado de la política social, pero que me producía una sensación de tristeza y  me traía a la mente el recuerdo de los tiempos del Caballero2.


J[ordâo da Luz]. Perestrello, Photo. Las Palmas. Barranco seco. No. 4
Tarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido
Anónimo. La Gomera. VallehermosoTarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido
Anónimo. Tenerife. PlatanerasTarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido

Con el plátano y los logros socioeconómicos que produjo su cultivo y que tanto disgustaban al joven y reaccionario hacendista Pablo de Ardola, llegó un cierto bienestar al campo isleño, situación que además de enriquecer aún más a los propietarios de la tierra permitió a quienes la trabajaban que se beneficiaran también de este periodo de bonanza económica, interrumpida únicamente por las consecuencias desastrosas de tres de las guerras del siglo, aquellas que afectaron directamente al archipiélago. Nuestro personaje, entristecido, comenta: Por las carreteras o por los paseos de las fincas o por las veredas entre las huertas no se veían ya mocitas campesinas o labriegos vestidos como antaño, rústicamente, no: ellas llevaban blusas de seda y medias como las señoritas y ellos usaban chaleco y corbata

Posteriormente, la consolidación del sector turístico como motor de la economía en la segunda mitad del siglo XX contribuyó a divulgar la imagen estereotipada de los platanales y amenaza, en la actualidad, con hacerla desaparecer para siempre de nuestro paisaje.


Anónimo. Las Palmas. Gran Canaria. Cosecha de bananasTarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido
Anónimo [para el Bazar Alemán]. Las Palmas. Bananas plantationTarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido
Anónimo. Gran Canaria. Plantación de bananasTarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm

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Los enteros postales, una suerte de cartas sin sobre, impresos por el Estado, con bajo precio de circulación, fueron introducidos en el correo español efectivamente en 1873 y constituyen el origen de las tarjetas postales que hoy conocemos.
Portadoras de mensajes cortos carecían, en un principio, de otra ilustración que no fuera el timbre.

A partir de 1871 comenzaron a usarse modelos editados por particulares que incluían una lámina en el anverso, mientras se reservaba la otra cara o reverso para el sello y la dirección del destinatario, pero fueron prohibidos en nuestro país entre 1873 y 1886. En diciembre de este último año, la Dirección General de Correos autorizó el uso de postales ilustradas siempre que su formato no excediera los 9 cm de alto por 14 cm de ancho.


Anónimo. Tenerife. Valle Orotava. PlataneraTarjeta postal. Cromolitografía, 9 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido
Rodríguez Bros. Las Palmas. CatedralTarjeta postal. Cromolitografía, 8,8 x 14 cm. Ca. 1908. Reverso dividido

En estas primeras postales el texto compartía con la lámina el anverso de la cartulina, siendo preciso escribir sobre la estampa, de forma que se estropeaba la vista o el motivo y se hacía difícil su lectura por lo que, desde 1907, se impuso dividir el reverso en dos, compartiendo una misma cara del cartón la misiva y los datos del destinatario3.

Para la impresión de estas hermosas tarjetas se recurrió a las técnicas de reproducción artística punteras en aquel momento y, entre todas ellas, resultó ser la cromolitografía una de las más atractivas.

Las imágenes procedían de fotografías monocromas y eran litografiadas por un artesano que, en la mayoría de los casos, interpretaba la luz y su consecuencia, el color, a su antojo. Un taller de Leipzig, por mencionar una ciudad en la que los hubo muy afamados, producía millares de ellas todos los días sin tener en cuenta la procedencia de las vistas, ya fueran de los cálidos y luminosos trópicos o de las heladas tundras nórdicas. Esto, no obstante, dotó a las tarjetas postales anteriores a los años 1910-1915, de una belleza casi individual que las convierte en deliciosas obras del arte gráfico.

Y si el color no resultaba fiel a la realidad, tampoco lo eran las localizaciones e incluso la integridad física de los monumentos representados. Existe una tarjeta, frecuente en las colecciones canarias, que supuestamente representa la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, a la que le fue añadida una cúpula que nunca tuvo y figura en su descripción como «Catedral de Tenerife». Otras reproducen paisajes de las islas con rótulos equívocos, y aún algunas lo hacen incorporando paisajes de Madeira o las islas Azores, atribuidos a nuestro archipiélago.

Fotografía Alemana [Friedrich Curt Herrmann]. Las Palmas. Las Palmas. El Risco San Nicolás. 16
Tarjeta postal fotográfica, 8,5 x 13,5 cm. Ca. 1930
La imagen del plátano, ya sea durante su cultivo o en la tarea de empaquetado del fruto, figura en las tarjetas canarias desde los inicios de esta modalidad postal, por lo que conviene distinguir varios aspectos en su clasificación.


LP o Pl [Anagrama]. Tenerife. Plataneras
Tarjeta postal fotográfica, 8,8 x 13,8 cm. Circulada el 6 de junio de 1935
Las hay que muestran grandes extensiones agrícolas del Valle de La Orotava, Icod o Buenavista y, en general, de la mayor parte de los pueblos del Norte de Tenerife. De la isla de Gran Canaria destacan las que representan a las plantaciones que rodeaban el barranco de Guiniguada en Las Palmas y las inmediaciones de la Villa de Arucas y las ciudades de Guía y Gáldar. En La Palma, Los Llanos de Aridane, con sus haciendas de Argual y Tazacorte y, en La Gomera, las laderas labradas en bancales de Vallehermoso. Se trata de vistas generales en las que aparecen multitud de fincas dedicadas a la plantación de plataneras, sin excluir aspectos de las poblaciones colindantes.


Otras, sin embargo, y son las más significativas para nuestro fin, reproducen especimenes de platanera, en los que puede apreciarse la flor o el fruto, y las faenas que son necesarias para obtenerlo. En estas últimas, suelen figurar tipos del país ataviados con la vestimenta rústica de la que antes se hacía mención.

Forman parte estas tarjetas iniciales de un grupo que podríamos denominar de curiosidades botánicas, que incluye las que representan a otras especies vegetales consideradas exóticas por los foráneos; tal es el caso de dragos, palmeras, cardones, araucarias y nopales. Entre éstas son frecuentes las que difunden la estampa de los dragos del Seminario en La Laguna y del Realejo; las palmeras del barrio de Vegueta en Las Palmas y la de la Conquista, que constituía con el célebre drago, uno de los dos atractivos fundamentales para los visitantes de los jardines de Franchy en La Orotava; los cardones centenarios de Buenavista, en Tenerife, y el del Lagazal en Gáldar, que alcanzaba, al parecer, ciento diez metros de diámetro. Abundan las perspectivas generales o particulares de los jardines de la mayor parte de los hoteles existentes en Las Palmas y el Puerto de la Cruz -Santa Catalina, Continental, Metropole, Martiánez, Taoro, Monopol, Humboldt- o de otros de renombre, como el de Corvo en Moya o el Botánico de La Orotava, y todo tipo de bosques y selvas insulares, desde el pinar a la laurisilva.

Un fotógrafo al que debemos buen número de tarjetas postales pertenecientes al periodo denominado clásico o de edad de oro de la tarjeta postal [1901-1905]4, realizadas con la técnica de la cromolitografía y firmadas con su nombre, es el portugués Jordâo da Luz Perestrello. Con estudios abiertos en Santa Cruz y Las Palmas, Perestrello alcanzó a formar un Álbum de Canarias que compilaba cincuenta y dos fotografías, donde, según Carmelo Vega, se incluye una serie de fotografías muy interesantes sobre «industrias canarias» (secaderos de pescado, plataneras, plantaciones de caña) y sobre la vida cotidiana en los campos canarios (aguadoras, lavanderas, etc.). Buena parte de estas fotografías, si no todas, fueron transformadas en postales al cromo en talleres europeos5.

Ed. Arribas. 36. Santa Cruz de Tenerife. PlataneraTarjeta postal fotográfica, 9 x 14,5 cm. Ca. 1950
Ediciones Arribas. Santa Cruz de Tenerife. 15. Plataneras. Tarjeta postal fotográfica, 9 x 14,5 cm. Ca. 1950
Ediciones Arribas 156. Santa Cruz de Tenerife. PlatanerasTarjeta postal fotográfica, 9 x 14 cm. Ca. 1950
Tras la primera gran guerra europea y la consiguiente paralización de los obradores en los que se estampaba la mayor parte de las postales cromolitografiadas relativas a nuestro archipiélago, esta técnica cayó en desuso. Cinco años antes, en 1909, don Ángel Custodio Romero había litografiado una composición a medio camino entre la realidad fotográfica y la manera pictórica impresionista que representaba la erupción del volcán Chinyero. Los tímidos intentos del taller que este artista había fundado en Santa Cruz de Tenerife, la Litografía Romero, por prolongar la utilización de la cromolitografía aplicada a la realización de tarjetas postales no parecen haber dado resultados. La rareza de esta pieza en el mercado actual nos obliga a pensar que formó parte de una edición limitada, que no produjo secuelas.

A comienzos de la segunda década del siglo XX inicia su actividad en Santa Cruz de Tenerife Postal Express, estudio fotográfico del que fue fundador y propietario Joaquín González Espinosa, cuya trayectoria ha sido estudiada por Carmelo Vega y que constituye el paradigma de las empresas dedicadas a la edición de tarjetas postales en Canarias6.


Ediciones Arribas
156. Santa Cruz de Tenerife. Plataneras
Tarjeta postal fotográfica, 9 x 14 cm. Ca. 1950
Joaquín González Espinosa (Santa Cruz de Tenerife, 1892-1955)7, Quino, poseedor de un excelente sentido comercial, amplió el habitual cometido de un gabinete al uso proporcionando a sus clientes, además de los servicios propios de una galería fotográfica, molduras, espejos e incluso muebles, con la novedosa posibilidad de ser pagados a plazos. Quizás no haya habido en Canarias otra empresa fotográfica con un fondo mayor en tarjetas postales del país. Las series que lo componen, en dos formatos de 13 x 18 cm y 9 x 14 cm, desarrollan un recorrido visual por las siete islas que proporciona instantáneas de todo cuanto era digno de ser observado. Numeradas y firmadas con las iniciales J. G. -otras tan sólo con el anagrama de su nombre y primer apellido- las postales fotográficas de Quino son hoy un referente paisajístico de conjunto sin igual que muestra episodios, como es el caso de las doce vistas tomadas en  Lanzarote, que se cuentan entre las primeras imágenes de calidad conservadas de aquella isla. Una nota necrológica publicada tras su fallecimiento el 15 de julio de 1955 dice: Su industria fotográfica fue hace varios años una de las más importantes del Archipiélago, dedicando especial atención a los paisajes de la capital y de la isla, de lo que queda constancia en sus bellas estampas de los lugares más sugestivos y evocadores de Tenerife.

Su actividad creadora, centrada principalmente en la segunda y tercera década del siglo pasado, coincide con la recuperación y auge del plátano, tras el paréntesis de la primera gran guerra.

Hemos incluido en la selección de tarjetas que ilustran el entorno del plátano y su cultivo en las islas, otras que son obra de conocidos estudios y fotógrafos insulares, como es el caso de Friedrich Curt Herrmann [Fotografía Alemana], establecido en Las Palmas de Gran Canaria, o de Otto Auer [Foto Central], que tenía su estudio en Santa Cruz de Tenerife, y Ernesto Fernando Baena, cuya producción es comparable a la de Joaquín González Espinosa por su volumen y calidad. Sin embargo, en nuestra selección son muy numerosas las postales fotográficas realizadas por Ediciones Arribas, en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, empresa zaragozana que había sido fundada a comienzos de la citada centuria por el fotógrafo Mariano Arribas. En relación con esta editorial, opina Francisco Palá Laguna en su estudio La tarjeta postal ilustrada, que finalizada la guerra civil, Zaragoza se convirtió en el centro de la industria de la tarjeta postal gracias a la importancia que alcanzaron por su calidad y cantidad las tarjetas postales editadas e impresas por García Garrabella y la propia Ediciones Arribas. El plátano y las extensas propiedades en que se cultivaba, seguía llamando la atención de los foráneos, incluido para siempre en el catálogo inexistente de exotismos atribuibles a nuestro irreal archipiélago.

Ediciones Arribas. 27. Las Palmas de Gran Canaria. Fincas de PlatanerasTarjeta postal fotográfica, 9 x 14 cm. Ca. 1950
Ediciones Arribas. 13. Las Palmas de Gran Canaria. San Roque.Tarjeta postal fotográfica, 9 x 14,5 cm. Ca. 1950


Notas
1Bonnet Reverón, B.: «Productos antiguos que dieron celebridad a Tenerife. Reseña histórica». Mirador de Canarias. La isla industriosa. Tenerife. Noviembre de 1940, número 15, pp. 7-8.
2Ascanio, A. de: La Casa de Ardola. Edición al cuidado de Javier Morata, Editor. Madrid, 1952.
3 Sobre la historia de la tarjeta postal ilustrada en España, vide:
Carreras y Candi, F.: Las tarjetas postales en España. Barcelona. 1903.
Carrasco Marqués, M.: Las tarjetas postales ilustradas de España circuladas en el siglo XIX. Edifil S.A. 2004.
Teixidor Cadenas, C.: La tarjeta postal en España. Espasa Calpe. Madrid.1999.
4 Teixidor Cadenas, C., op. cit.
5 Vega, C.: La isla mirada. Tenerife y la Fotografía [1839-1939]. 2 Tomos. Centro de Fotografia «Isla de Tenerife». Santa Cruz de Tenerife. 1995 y 1997.
6 Vega, C., op. cit.
7 Nació Joaquín González Espinosa en Santa Cruz de Tenerife, en el número 12 de la calle de Las Flores, a las cuatro de la mañana del día 26 de octubre de 1892. Fueron sus padres, don Francisco González Currá, comerciante -gerente y agente en esta isla de las máquinas de coser Singer- y teniente de alcalde de dicha ciudad durante el mandato de don Santiago García Sanabria, natural de Jerez de la Frontera, Cádiz, y doña Dolores Espinosa Sánchez, que lo era de San Fernando en la misma provincia. Abuelos paternos, don Francisco González Clavijo y doña Gertrudis Currá Sánchez, oriundos de Ubrique y Jerez de la Frontera. Maternos, don Cristóbal Espinosa Coca y doña Catalina Sánchez Barea, naturales asimismo de Alcalá de los Gazules y Bencocás, en Cádiz. Registro Civil de Santa Cruz de Tenerife. Sección Primera. Tomo XXXIV, folio 222, número 427.



Bananas and Postcards

Carlos Gaviño de Franchy

 Translated by Agnès Louart y Jorge Barriuso


Anónimo
Tenerife. Santa Úrsula
Tarjeta postal fotográfica, 9 x 14 cm. Ca. 1930
In an article published in the post-war illustrated magazine Mirador de Tenerife the researcher, Buenaventura Bonnet1 wondered about the origin of the banana crop in our archipelago: But where did this plant that has helped us so much come from? Acccording to data from the historian Marín y Cubas, continues Bonnet, this plant came from Guinea, and was brought to Gran Canaria in 1499 or 1500, as a result of an expedition sent by the Cabildo (island government) of that island, led by the governor Juan de Ceverio Muxica, and from where “they brought back sweet potatoes, banana plant roots, yams and other seeds …”. Adanson claims that they began to call them “plantano” on the islands and later we made this name homonymous with the famous Lebanese plantain, sublime tree, sung about by poets, historians and travellers, but with which it has no relation. It would be better to give it the name of “banana” as do the natives of Guinea, the French and the English, but nowadays it would be too difficult to change its common and traditional name.
Continuing on from this, Bonnet cites the British factor, Thomas Nichols, who saw specimens of the banana tree during his stay among us. He described them in the following way: It is a tree that likes riverbanks, it does not grow very stoutly, but it is straight, and has large thick leaves, sometimes two and half yards wide. It only produces fruit once, and then, it is cut down and another banana tree sprouts from its roots; each banana tree has three or four branches (bunches) that produce more or less thirty or forty fruits, sometimes even more, and which look a lot like cucumbers. When it is very ripe, the skin blackens; apart from that it has a delicious taste like a home-made preserve (in syrup), of the type often given as a present.
From here, according to the historian of the Indies, Fernández de Oviedo, they went to America: There is a fruit around here they call “plátanos”, but actually, they are not, nor are they trees or from the Indies, they were brought here; and have been stuck with the inappropriate name of plátanos… This lineage of plant was brought from the island of Gran Canaria, in the year fifteen hundred and sixteen by the Reverend Brother Thomas de Sancto Domingo, of the Preachers Order, to the city of Sancto Domingo; and from here it has spread to other towns on this island and in all the other islands inhabited by Christians. They have been planted on solid ground and everywhere they have been planted they have grown well. […] The first ones were brought, as I said, from Gran Canaria; and I saw them in that same city in the monastery of Saint Francisco in the year fifteen hundred and twenty, and others just like them are on the other Fortunate or Canary Islands.

Ed. Arribas. 133. Puerto de la Cruz (Tenerife). Playa de Martiánez y Piscina
Tarjeta postal fotográfica, 9 x 14,5 cm. Ca. 1950

We then have to wait until the end of the nineteenth century, to be exact; the first decades of the following century to observe how banana crops spread across those islands that had large amounts of water. The collapse of the international cochineal market [Coccus cacti], which was caused by the discovery and commercialisation of anilines, directly contributed to the establishment of bananas as a single crop system. The paratization work of this insect in Prickly Pears, which until then had occupied a good part of the agriculture sector of the archipelago and produced significant revenues for its producers and traders, found itself so drastically reduced that there was hardly enough cochineal to collect to satisfy the limited demand of the cosmetic and food colouring industries. It is worth mentioning, as an anecdote, that the well-known aperitif brand Campari, owes its beautiful red colour to the organic dye produced for decades in the Canary Islands.

P. Esperón. Madrid Santa Cruz de Tenerife. Serie primeraTarjeta postal impresa en offset, 9,2 x 14,3 cm Ca. 1950
Publicaciones Ciagra. Madrid CanariasTarjeta postal. Cromolitografía con aplicación de purpurina, 9 x 14 cm. Ca. 1920

If we refer just to the Valle de La Orotava, which our generation has been able to see covered by extensive banana plantations, it is perhaps worth passing on here the complaints of Pablo, the main character in the novel by Alfonso de Ascanio La Casa de Ardola2, as he yearns for the landscape of the past that was so different to the image that was popularised of the valley for most of the last century: Poor valley of my memories! Those fields, once so multi-coloured and enchanting, dotted with plants, bushes and flowers, edged with herbs and wild flowers, became uniform, monotonous, artificial, with only one shade, which is the pale green of single crop farming.  It was an obsession! …everywhere they cut down trees, got rid of or neglected the gardens, the vegetable plots disappeared and the nurseries were removed from places of recreation and in their place they planted these fruit trees.  It was an obsession …. a bad, positivist, acid obsession. No longer did you see little natural copses nor rugged hillocks or trickles of water winding their way among the rocks and herbs or natural springs, whose crystal clear streams slipped between the thickets and wild flowers …this precious liquid only flowed in pipes and covered channels, so that not a drop is wasted before reaching its destination. […] The money flowed and the change in people, scenery, ways and customs may have made some philosopher in love with social politics happy, but for me it brought a feeling of sadness that reminded me of the times of the Knight2.
With the banana and the socio-economic achievements that its cultivation brought, but which so displeased the young, reactionary landowner Pablo de Ardola, came a feeling of well-being to the island’s fields. This situation, as well as making landowners even richer, also allowed those who worked the land to benefit from this economic boom, which was only interrupted by the disastrous consequences of three wars in that century: the ones which affected the archipelago directly. Our saddened character comments: Along the roads, along the farm tracks or along the paths between the gardens no country girls or farm workers dressed in the old style of days gone by could be seen any longer, no: the girls were wearing silk blouses and stockings like young ladies and the men had waistcoats and ties …
Subsequently, the consolidation of the tourist sector as the driving force of the economy in the second half of the 20th century spread the stereotypical image of the banana plantations, though nowadays, this sector threatens to make them disappear from our landscape forever.


Joaquín González Espinosa Empaquetado de plátanosTarjeta postal fotográfica, 12,5 x 17,5 cm.  Ca. 1920
Anónimo Tenerife. Icod. Alrededores de la poblaciónTarjeta postal. Fototipia, 9 x 13,5 cm. Circulada el 11 de noviembre de 1933.


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Postal stationary, a sort of letter without envelope, printed by the State and cheap to send, was introduced into the Spanish postal system in 1873 and was the origin of the postcards that we know today.
They carried short messages and in the beginning lacked any picture that was not on the stamp itself.
From 1871 they started to use models that could be edited by individuals with an illustration on the front, while the other side was used for the stamp and the recipient’s address, but they were banned in our country between 1873 and 1886. In December of 1886, the General Management of the Post Office authorised the use of picture postcards providing that their size did not exceed 9 cm high by 14 cm wide.
In these early postcards the text shared the space with the illustration on the front of the card requiring you to write on top of the picture, thus ruining the scene or the motif and making it difficult to read. Therefore from 1907, it was decided to divide the back into two, and the same side shared the message and the information about the recipient3.

Foto Central, Otto Auer. Puerto de la Cruz. Tenerife
Tarjeta postal fotográfica, 8,5 x 13,5 cm. Ca. 1930
To print these beautiful cards the most advanced techniques of artistic reproduction at that time were used, and among which one of the most attractive turned out to be chromolithography.
The images came from monochrome photographs and were lithographed by a craftsman who, in most cases, would interpret the light and its results and the colour at whim.  A workshop in Leipzig, to mention a city in which there were many famous lithographers produced thousands of these images every day, but without taking into account the source of the views, whether they were from the hot, bright tropics or the frozen northern tundra. This fact, however, gave postcards from before 1910-1915 an almost unique beauty and turned them into superb works of graphic art.
 And if the colour was not reliable, neither were the locations or even the actual shape of the monuments depicted. There is one postcard, commonly found in Canarian collections, that supposedly depicts the tower of the Church of Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, but, to which a dome it never had was added, and was described as the “Cathedral of Tenerife”. Others reproduce island landscapes with mistaken titles and some even include landscapes from Madeira or the Azores Islands and which are attributed to our archipelago.
The image of the banana, growing or being packaged, has appeared on Canarian cards ever since the introduction of this kind of postal stationary and, therefore it is worth distinguishing various aspects of its classification:
Some show the extensive farm lands of the Valle de La Orotava, Icod or Buenavista and, in general, most of the towns of the north of Tenerife. The ones that stand out of the island of Gran Canaria are those that depict the plantations around the Barranco de Guiniguada in Las Palmas and in the area surrounding Villa de Arucas and the towns of Guía and Gáldar. In La Palma, Los Llanos de Aridane, with the Argual and Tazacorte plantations and, in La Gomera, it is the slopes of Vallehermoso cut into terraces that are commonly shown. They are usually general views, in which a large number of farms devoted to growing bananas appear, without leaving out the adjacent villages.
Others however, and these are more significant for our purpose, reproduce specimens of banana plants, in which the flower or fruit can be seen, and the work needed to produce it. In these cards locals often appear dressed in the type of rustic clothes that I mentioned before.
These first cards make up a group that we could call of botanical curiosities, which also includes other plant species considered to be exotic by foreigners, such as, Dragon Trees, Palm Trees, Canary Island Spurges, Monkey Puzzle Trees and Prickly Pears. Among these pictures, the ones that are most common are those of the Dragon Trees in the La Laguna and Realejo Seminaries; the Palm Trees in the area of Vegueta in Las Palmas and the one of the Conquest, this tree together with well-known Dragon Tree, was one of the two main attractions for visitors to the Franchy Gardens in La Orotava; the hundred-year old Canary Island Spurges of Buenavista, in Tenerife, and the one of Lagazal in Gáldar, which appears to have reached a diameter of one hundred and ten metres. There are also many general and specific views of the gardens of the majority of the hotels in Las Palmas and in Puerto de la Cruz ¾Santa Catalina, Continental, Metropole, Martiánez, Taoro, Monopol, Humboldt¾ or other well-known hotels, such as, the Corvo in Moya or the Botánico of La Orotava. Then, there are pictures of all kinds of island woods and forests, from pine ones to laurel ones.

Anónimo. Las Cañas. Icod de los Vinos
Tarjeta postal fotográfica, 9,2 x 14,3 cm Ca. 1950
 A photograph that is on a large number of postcards, belonging to the period known as the classic or golden age of postcards [1901-1905]4, was carried out using the technique of chromolithography, and signed by the Jordâo da Luz Perestrello from Portugal. In his studios in Santa Cruz and Las Palmas, Perestrello managed to create an Album of the Canary Islands consisting of fifty two photographs, which, according to Carmelo Vega, included a series of very interesting photographs of “Canarian industries” (fish drying sheds, banana plantations, sugar cane plantations) and of the daily life in the Canarian countryside (water carriers, washerwomen, etc.). The majority of these photographs, if not all, were turned into chromolithographed postcards in European workshops5.
After the Great European War and the subsequent disappearance of the workshops in which the majority of the engraving of chromolithographed postcards of our archipelago was carried out, this technique fell into disuse. Five years before, in 1909, Mr. Angel Custodio Romero had lithographed a composition that was halfway between a real photograph and a pictorial impression of the eruption of the Chinyero Volcano. The hesitant efforts of the workshop that this artist had set up in Santa Cruz de Tenerife, the Lithography Romero, to continue using chromolithography to make postcards does not seem to have been successful. The rarity of this item in the current market leads us to think that it was part of a limited edition, which produced no sequels.
At the beginning of the second decade of the 20th century, Postal Express started business in Santa Cruz de Tenerife: a photographic studio founded and owned by Joaquín González Espinosa. His career has been studied by Carmelo Vega and represents the paradigm for businesses devoted to publishing postcards in the Canary Islands6.
E. Ludwig, John Hinde Studios
Bananas and Pinsettia, Canary Islands.
Tarjeta postal fotográfica, 14,5 x 10 cmCa. 1970
Joaquín González Espinosa (Santa Cruz de Tenerife, 1892-1955)7, Quino, had excellent business sense and expanded the normal service of his photographic studio, allowing his clients to purchase mouldings, mirrors and even furniture by paying in instalments. There probably was not any other photographic business in the Canary Islands with a greater collection of postcards. The series that made up this collection were in two sizes, 13 x 18 cm and 9 x 14 cm, and developed into a visual trip around the seven islands showing sights of everything that was worth seeing. Numbered and signed with the initials J. G. ¾ others with just an anagram of his name and first surname ¾ these photographic postcards of Quino are today an unrivalled reference of landscapes. They show scenes including twelve vistas taken in Lanzarote, which are among the first quality images still preserved of that island. An obituary published after his death on the 15th of July 1955 says: His photographic work was several years ago one of the most important in the Archipelago, devoting particular attention to the landscapes around the capital of the island, and which records in his beautiful pictures the most revealing and evocative spots of Tenerife.
His creative activity, carried out mainly in the second and third decade of the last century, coincided with the recovery and boom of the banana, following the parenthesis of the First World War.
We have included a selection of the postcards that show the environment of the banana and its cultivation on the islands. Others are the work of well-known island studios and photographers, such as, Friedrich Curt Herrmann [Fotografía Alemana], established in Las Palmas de Gran Canaria, or of Otto Auer [Foto Central], who had his studio in Santa Cruz de Tenerife, and Ernesto Fernando Baena, whose work is comparable to that of Joaquín González Espinosa in volume and quality. In our selection there are many photographic postcards produced by Ediciones Arribas, in the forties and fifties of the 20th century: this business from Zaragoza was set up, at the beginning of the last century, by the photographer Mariano Arribas. With respect to this publishing house, Francisco Palá Laguna in his studio expresses the opinion The picture postcard, at the end of the Civil War, Zaragoza became the centre of he postcard industry thanks to the high quality and great quantity of the postcards published and printed by García Garrabella and Ediciones Arribas. The banana and extensive lands in which it was grown continued to attract the attention of foreigners, forever included in the non-existent catalogue of exotic objects attributed to our imaginary archipelago.


1Buenaventura Bonnet Reverón: “Productos antiguos que dieron celebridad a Tenerife. Reseña histórica”. Mirador de Canarias. La isla industriosa. Tenerife. Novembre 1940, número 15, pp. 7-8.
2Alfonso de Ascanio: La Casa de Ardola. Edición al cuidado de Javier Morata, Editor. Madrid, 1952.
3 About the history of picture postcards in Spain, vide:
Francisco Carreras y Candi: Las tarjetas postales en España. Barcelona. 1903.
Martín Carrasco Marqués: Las tarjetas postales ilustradas de España circuladas en el siglo XIX. Edifil S. A. 2004.
Carlos Teixidor Cadenas: La tarjeta postal en España. Espasa Calpe. Madrid.1999.
4 Carlos Teixidor Cadenas, op. cit.
5 Carmelo Vega: La isla mirada. Tenerife y la Fotografía [1839-1939]. 2 Volumes. Centro de Fotografia “Isla de Tenerife”. Santa Cruz de Tenerife. 1995 and 1997.
6 Carmelo Vega, op. cit.
7 Joaquín González Espinosa was born in Santa Cruz de Tenerife, at number 12 of the street, Calle de Las Flores, at four o’clock in the morning on the 26th of October of 1892. His parents were, Mr Francisco González Currá, shop owner ¾manager and agent on the island for Singer sewing machines ¾ and Deputy Mayor of the above mentioned city during the term of Mr Santiago Garcia Sanabria, originally from Jerez de la Frontera, Cadiz, and Mrs Dolores Espinosa Sanchez, who was from San Fernando in the same province. Grandparents on his father’s side, Mr Francisco Gonzalez Clavijo and Mrs Gertrudis Curra Sanchez, from Ubrique and Jerez de la Frontera. On his mother’s side, Mr Cristobal Espinosa Coca and Mrs Catalina Sanchez Barea, from Alcala de los Gazules and Bencocas, in Cadiz. Civil Registry of Santa Cruz de Tenerife. First Section . Volume XXXIV, sheet 222, number 427.

E. Ludwig, John Hinde Studios Puerto de la Cruz, Tenerife, Canary Islands. Tarjeta postal fotográfica, 14,5 x 10 cm Ca. 1970
 E. Ludwig, John Hinde Studios Tenerife, Canary Islands. Tarjeta postal fotográfica, 14,5 x 10 cm Ca. 1970






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